Rubén iba a comprar una computadora y pregunta:


-¿Cuánto vale?


-$4000


-¿Y qué funciones tiene?


-Memoria 2gb, velocidad 9 mh, etc. pero tengo otra que por $500 mas tiene 3 gigas y 11 mh.


-Ah ¡qué buena!


-Si, pero si agregas $500 mas tenés parlantes de 3 vías, etcétera.


-yo que pensaba gastar $4000.,bueno es un poco mas de esfuerzo pero vale la pena.


El vendedor al ver que el cliente era permeable le dice:


-¿Y sabe que esto que usted compra no lo hace todos los días, verdad?


-Si, le contesta el coprador.


-Entonces ponga otros $1000 y cómprese una de las mejores, con mas memoria, mas velocidad y pantalla tridimensional


-Si, tiene razón, ya que estamos.


-Pero le digo algo mas, ya que esta comprando algo bueno, si agrega $1000 ya tiene la mejor de todas y se olvida de todo el problema.


-Si, pero ya es mucho. Y como la pago?


-No se haga problema, lo paga en 12 cuotas sin intereses.


-Y bueno, ya que estamos la compramos.


Ahora bien, el hombre quiso comprar por $4000 y terminó gastando $7000, y todo por una computadora mejor. Para facilitar el trabajo, para ganar más tiempo, para un montón de cosas.


¿El hombre tenía la necesidad o le hicieron pensar que el la tenia? Sabemos que hoy la compra y mañana ya no sirve, es antigua, todo fue una fantasía de querer tener más y el vendedor le hizo levantar vuelo a su imaginación para beneficiarse con la venta.


La computadora, que es una satisfacción momentánea y temporal, no nos hace sentir realizados como personas, sino más bien trata de tapar nuestros espacios vacíos emparchándolos superficialmente. Y la pregunta es: ¿Necesitamos estar todo el día distraídos para olvidarnos de nosotros mismos? ¿Qué pasa cuando terminamos una jornada agotadora y estresante? Sin embargo no lo pensamos y volvemos nuevamente a lo mismo.


Ahora analicémoslo desde la perspectiva espiritual. Cuando aparece la oportunidad de hacer buenas acciones (que no es una imaginación, sino una realidad, y no es algo antiguo ni moderno, sino algo eterno), ¿Cómo lo trasladamos? Vamos al diálogo.


Rubén le dice a Ariel:


-¿Te ponés los tefilín?


-Si.


-Y ya que estamos, ¿Querés estudiar 10 minutos?


-Si, contesta Ariel


-¿Y me acompañas a ver a un enfermo? Son 20 minutos.


-Ariel, si.


¿Cuál fue el resultado? Fue la elevación espiritual personal ayudar a otro y a su amigo enfermo, y se sintió lleno emocionalmente al saber que hizo un bien propio y un bien al prójimo.
Por lo tanto es claro el mensaje y nosotros lo sabemos, solo que es importante romper las ataduras materiales que nos mantienen encerrados en un círculo vicioso donde el pensar las consecuencias resulta trabajoso, pero sabemos muy bien que vale la pena intentarlo para lograr una mejor calidad de vida.
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