Estamos en una Era de lo rápido, lo cómodo, lo descartable, etc. Es bien sabido que esto produce gritos, enojo, nerviosismo, impotencia. El estrés que se vive es inusual, contracturas, dolores musculares, hacen de la persona que cada vez sea más robótica que humana y hasta se fabrican mucamas robot para aumentar el rendimiento del tiempo. Como consecuencia, esto repercute invariablemente en nuestros hijos y en vez de educación es destrucción. La base familiar se deteriora con pequeños detalles que vamos a mencionar a continuación con sus respectivas soluciones: Cuando por ejemplo el padre o la madre están haciendo una tarea y lanzan un grito exclamando “vení para acá, alcanzame algo” eso mismo se transforma en vez de dialogo en sonidos molestos. Esto ,que lo vemos a menudo es sin duda un obstáculo para el crecimiento del chico. El reiterar varias veces levantando la voz pidiendo algo y después acercarnos y gritar más fuerte enfurecidos diciendo por ejemplo “te dije varias veces que acomodes tu ropa o que ordenes la pieza”, producto de la impotencia y la frustración, provocan al niño que obedezca. Sin embargo, el niño se siente con culpa , su estima se daña y piensa que él está fallando y si después de un tiempo estas situaciones se vuelven a reiterar  el niño termina  por revelarse o imitar la misma conducta de sus padres pensando “esta es la ley del más fuerte” donde se somete con rigor para que todo funcione.  Por lo tanto y para que esto no suceda la clave es acercarnos a el , decirselo en vos normal y si sigue en su actitud ,tomarlo de mano  .ya que el niño esta en formación ( porque todavía no es adulto)  .otro aspecto a ser tenido en cuenta es darle prioridad , por ejemplo que estén limpios o que lleven los útiles o que los acompañemos al micro o al colegio, eso el lo valora y lo aprecia ya que es tenido en cuenta pero si en cambio lo dejamos en mano de la empleada doméstica estamos desaprovechando  momentos esenciales para compartir una sana educación . Muchas frases decimos sin pensar  por ejemplo “la vida pasa volando”. La pregunta es, ¿Alguna vez levantamos vuelo? ¿O nos quedamos en el tiempo? Y si es así, ¿Cuándo nuestros hijos van a aprender a volar? ¿No será que le tenemos que dar alas o las herramientas para que ellos mismos puedan hacerlo? Queda en nosotros la facultad de empezar a crecer y hacer que nuestros hijos crezcan con nosotros.
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El mundo es un gran recipiente donde cada ser humano tiene que adaptarse a el, cuanto mas lo hacemos mas forma de recipiente tomamos, cuanto mas rígidos seamos, mas sufrimientos obtendremos por la terquedad de no encajar dentro del molde, el cual fue hecho para residir en el con alegría.
Dentro de cada receptáculo hay dos elementos que se unen como por milagro, el hombre y la mujer, el cuerpo y el alma. Dos creaciones diferentes pero unidas al fin.
Lo interesante de este razonamiento es saber como juntar algo que jamás hubiésemos imaginado, que se relacionan entre si.
En este mundo que vivimos vamos a tomar como ejemplo al patriarca Abraham. Según sus enseñanzas, cuanto más damos, mas agrandamos el círculo de receptores, y mas achicamos el del egoísmo, es decir el recibir mucho es achicar nuestro circulo, hasta perdernos en la impersonalidad de nosotros mismos.
La sociedad cree que lo ideal es achicar el círculo, con computadoras, ya no como herramientas de trabajo, sino como parte esencial de nuestras propias vidas.
El judaísmo en cambio busca agrandarlo, aprendiendo cada vez más a vivir mejor y a brindarnos una mejor calidad a nuestra existencia.
El dilema es: ser esclavos del círculo egoísta, perdiendo nuestra identidad; o agrandar el círculo, desarrollando nuestra personalidad.
La disyuntiva parece sencilla, pero en la práctica requiere de un esfuerzo que bien vale la pena invertir fuerzas para poder lograrlo.
Agrandar el círculo es crear vínculos y alimentarlos de generosidad y alegría.
Achicarlo, en cambio es ser victimas de la sociedad que nos fagocita para quitarnos el poder de elección que aparentemente creemos que tenemos.
Los medios de comunicación realizan este trabajo, al cual en mayor o menor escala, estamos sometidos.
No cualquiera tiene esa capacidad de agrandar el circulo, sino solo aquellos capaces de visualizar una vida plena de sentido, como Abraham Abinu, lo pueden lograr.
Vivimos 70 u 80 años, algunos se dan cuenta a tiempo, otros sobreviven como pueden, tomando un momento de reflexión para saber donde están parados y hacia donde se dirigen. Si lo logran estarían avanzando hacia su propia existencia, y entonces verían lo que antes era imperceptible, ahora agrandarían el campo visual.
Nosotros tenemos el entendimiento con nuestra voluntad de acceder a la claridad donde otros permanecen en la oscuridad, por mantener los ojos cerrados, y no investigan, por no querer ver; no escuchan, porque no quieren oír. Es por ende el ejemplo de Abraham nuestro patriarca una guía y un camino a transitar.
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Noaj era tzadikh en su generación (o sea era una buena persona entre muchos que no lo eran) esto significa que es importante rescatar lo positivo de cada individuo, a eso se le llama crecimiento. En Shabat, hay una melaja (trabajo) que está prohibido ejecutarlo que se llama Borer, que es sacar las frutas podridas de las que no lo son. Entonces, la solucion es que, se eligen las frutas buenas y las demás quedan. Esto nos indica la forma de pensar del iehudí, elegir lo positivo de cada persona, cada cosa y lo demás no tenerlo en cuenta. Con este criterio de pensamiento nos ahorraremos muchos malestares y disfrutaremos de lo beneficioso de la vida.
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En la sección de Bereshit, después de haber comido, el primer hombre, del árbol del bien y del mal, D´s le pregunta ¿Dónde estás?
Los comentaristas traen que fue para abrir el diálogo con Adán, el primer hombre. Pero veamos más profundo.
D´s le dijo al hombre: ¿Dónde está tu alma? Adán responde: Vos me la diste. D´s le dice: ¿Qué hiciste con ella? ¿Acaso no valoras lo más sublime que te entregue? Ahora vas a tener que trabajar para reconstruirte vos mismo. El bien y el mal juntos son las capas que ocultan el verdadero bien
Descubrirlo es la tarea del individuo para volver al estado de éxtasis original del primer hombre, de lo contrario se entiende de lo que se infiere “morir morirás” que no hay razón para la existencia humana. Bore Olam quiere que lo descubramos; nuestra mision es buscarlo en cada  pensamiento,  palabra y acto y todo lo que realizamos debe inexorablemente ser sopesado para verificar si D´s esta contento con nosotros o no. Este es el principio para poder entender la misión para la cual fuimos creados.
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