Estamos llegando a Rosh Hashana. “Shana” viene de la palabra “shinui”, que significa cambio. En la vida nos acostumbramos a los cambios climáticos, de gobierno, de bienes materiales. Todas éstas cuestiones exteriores no nos comprometen demasiado. Pero, ¿qué pasa si intentamos modificar o transformar un defecto en virtud? ¿Acaso nos ponemos a pensar cuánto mejoraríamos e influenciaríamos a todo nuestro entorno de manera positiva?
Convertir el defecto en virtud no es una tarea fácil, ya que nosotros pretendemos que todo se acomode a nuestra personalidad y que nos acepten como somos, pero si es así, ¿En qué mejoramos día a día? Sabemos que el cuerpo crece, las células se reproducen, y todo evoluciona tecnológicamente. Acaso nuestra mente, ¿no debería ponerse a la par? No digamos: “y bueno, ¿qué querés que haga?”. Esa justificación, es mediocre.
Ya sabemos que comprometernos espiritualmente en una acción conlleva al esfuerzo de la voluntad y el desarrollo del alma, pero es indispensable saber que venimos a este mundo con un objetivo. La Mishná en Pirke Abot dice: “¿Eize hu gibor? ha kobesh et itzró (¿quién es el fuerte? el que se sabe dominar)”. Esto no son solo palabras, sino toda una forma de pensar, ya que si no, ¿cuáles serían los límites de las personas? Por lo general, las personas actúan de manera impulsiva, lastiman a los demás y no logran auto limitarse. Justamente la Mishná nos viene a decir cómo lograrlo: reflexionar antes de actuar y pensar antes de decir algo que pueda herir a otra persona.
Todos estos pequeños detalles, son necesarios para concientizarnos en Rosh Hashana y cambiar positivamente nuestra actitud. En la medida que actuemos, D-s así actuará.

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